El viernes pasado salió a relucir una fotografía del
electo presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su rival en las
elecciones, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), José Antonio
Meade; además de la fotografía el pronunciamiento de AMLO sobre su anterior
rival resulto en halagos. Días antes los seguidores del electo presidente se
encontraban sorprendidos, como todos, después de que se eligiera a Manuel
Bartlet para la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
Lo anterior resulta para muchos, y me incluyo,
sumamente contradictorio ya que uno de los discursos más repetidos por AMLO
durante su campaña fue sacar a “la mafia del poder”, sin embargo nombra a uno
de la vieja escuela, quien es señalado como el principal actor de la famosa “caída
del sistema” del año 1988.
Ahora es cierto que no se puede ni debe juzgar a una
persona por la institución en la que trabajan, ni todos los del PRI son malos
ni los de MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional) son buenos. Con esto
quiero llegar al hecho de intentar alejarnos de maniqueísmos que con las decisiones
del presidente electo se van a dar como pan caliente.
Por supuesto que se debe criticar y cuestionar a
nuestros gobernantes, pero lo que está ocurriendo con estas decisiones, cuando
ni siquiera ha entrado en funciones, resulta peligroso. Los antiamlo parecen
vanagloriarse con sus burlas y quienes siguen a Andrés Manuel se justifican, ambas en su gran mayoría sin
bases sólidas.
Se debe entender que le país se encuentra en una
etapa de transición sumamente compleja donde la gran mayoría de los funcionarios
habrán en algún momento de sus carreras pertenecieron al PRI o algún otro
partido, como el mismo Andrés Manuel. Por ello debemos de ser pacientes, pero críticos
cuando debamos serlos ya que como lo escribió Augusto Monterroso “Cuando despertó,
el dinosaurio todavía estaba allí” y por quién sabe cuántos años.

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