La noche de ayer Guillermo del Toro y su película La Forma del Agua obtuvieron el
reconocimiento de todo el mundo al ganar los premios principales de los Oscares
(mejor director y película). Sin embargo esto no significa un triunfo para
nuestro país o para su industria cinematográfica, y no es malinchismo,
simplemente hay que reconocer que la película es de producción gringa, usando
talento mexicano.
El triunfo del cineasta tapatío es más que merecido y me da
gusto, ya que de los llamados “tres amigos” (Iñárritu y Cuarón) es el mejor
para mí, no obstante no hay que caer en un nacionalismo extremo y pensar que
las cosas van a cambiar para la industria del cine en México, la cual se encuentra
en crisis.
Existen dos maneras de analizar la actualidad del cine
nacional, la primera es con base en su forma de temática y producción, la
segunda es a través de su exhibición y distribución. Estos dos aspectos
resultan sumamente importantes ya que son la base de la gran problemática actual
del cine en nuestro país.
Antes de comenzar resulta sumamente necesario mencionar que
en México se hace mucho cine, tan sólo el año pasado se rompió el record de
producciones con 175 filmes, según cifras del Instituto Mexicano de
Cinematografía (Imcine). Eso quiere decir que dinero hay, ya sea por lo muchos
apoyos gubernamentales o por iniciativa privada.
En cuestión de temática y producción el cine nacional se
puede dividir en tres: Comercial (mainstream) el cual se preocupa por
entretener y contarte una historia agradable, es aquí donde más se produce en
busca de competir con el mercado Hollywoodense, sin embargo muchas veces
resultan ser muy malas o una copia barata de alguna película gringa.
El “Artistico”, donde se busca sobresalir en alguno de los
festivales de mayor relevancia en el mundo (Cannes, Venecia, Berlín o San Sebastián),
aquí sobre salen tres cineastas específicos: Carlos Reygadas, Amat Escalante y
Michelle Franco. Son los más reconocidos en este ámbito, particularmente en
festival de Cannes donde por lo general salen aclamados y con un premio. El problema
de estos tres es que en muchas ocasiones su cien resulta sumamente pretencioso.
El tercero resulta un poco complejo de nombrar, ya que no
busca ser completamente comercial pero tampoco es galardonado en los grandes
festivales, por ello lo llamaremos normal, con esto quiero decir que es un cine
cuya búsqueda no es puramente el dinero, pero tampoco es lo suficientemente
pretencioso para aparecer en un festival. Resulta ser un cine, por lo general,
bien hecho e interesante; como ejemplo ponemos a Fernando Eimbcke y Mariana
Chenillo.
Una vez divido en su temática y producción, pasemos a juntar
ambas problemáticas, esto es debido a que la distribución resulta la mayor de
todas.
En nuestro país las salas de cine es tan dominadas por el duopolio
Cienemex-Cienepolis, ambas empresas manejan todas la salas comerciales del país
y son las que deciden que proyectar, por ello no se arriesgan con el cine
nacional al menos que pueda tener éxito, es decir las películas comerciales si
tienen cabida (poco tiempo si no funcionan) y las películas “artísticas” también
siempre y cuando hayan logrado algún reconocimiento internacional (eso si en
salas vip, súper caras). Esto deja al cine normal con muy poca oportunidad de
ser exhibido, casi nulas diría yo.
Resulta bastante irónico que actualmente en México exista
mucha posibilidad de ver cine de otros países (independientemente del gringo)
tales como el festival de cine japonés en Cinemex o el de cine francés en
Cinepolis, pero nada de cine mexicano. En cuanto a la distribución a las
pequeñas productoras mexicanas les resulta imposible competir con las
estadounidenses, mientras una película nacional llega a salir con una sola
copia para todo el país, las del vecino del norte tienen por lo menos dos por
cine.
Todo lo anterior es por lo cual el cine mexicano no se ha
vuelto una industria y es que como lo vamos a lograr si primero continuamos
pretendiendo copiar a otros o buscando forzosamente su aprobación, por el otro
lado si no le damos a los nuevos cineastas de consolidarse, de mostrar su
talento, jamás lograremos evolucionar y tener un verdadero cine mexicano.
Así pues felicidades para Guillermo del Toro y todo su
equipo de trabajo, pero lamentablemente no gano el cine mexicano.
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